Sexting, sexo con consecuencias

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Hay que ir acostumbrándose al término: sexting, un anglicismo que ni siquiera recoge la academia pero que se ha colado en la vida de muchos a través de la generalización de los móviles inteligentes y la hiperconexión a Internet. El término define el intercambio de imágenes íntimas y alcanzó la mayoría de edad con el caso de la concejala de Los Yébenes que provocó un severo cambio legislativo. Aunque aquel incidente probablemente no sorprendió a muchos practicantes anónimos de esta sexualidad virtual y aparentemente aséptica, la reciente difusión masiva de imágenes procaces de escolares coruñesas ha dejado descolocada a una parte de la opinión pública.

El único estudio al respecto hecho en España entre menores apunta a un 4,5 % como practicantes pasivos de sexting, es decir, receptores de imágenes. El mismo informe, elaborado en noviembre del 2011 entre usuarios de smartphones, reducía el porcentaje hasta el 1,5 % para el sexting activo. «Es una cifra desfasada -opina Manuel Fernández Blanco, psicólogo clínico del hospital materno infantil de A Coruña-, al menos en lo que se puede constatar entre mis pacientes. La práctica del sexting entre los menores es mayor que eso».

Blanco explica que los casos que llegan a la consulta suelen venir de la mano de padres que han descubierto la práctica por parte de sus hijos: «Lo que se constata es que el fenómeno va de la mano de una sexualidad cada vez más precoz y desinhibida, a la vez que la pornografía se convierte en el paradigma de la vida erótica», reflexiona el psicólogo.

Escaso sentido del riesgo

El éxito del sexting entre los menores no ha ido sin embargo parejo a una toma de conciencia sobre los riesgos de difundir imágenes comprometidas: «Se celebran charlas a diario por todos los centros de Galicia -explica Helena Gómez, presidenta de las ANPA públicas de la provincia de A Coruña-, pero yo creo que muchos chavales hacen caso omiso».

Lo que en un principio puede ser un juego divertido, también puede convertirse en una pesadilla cuando se pierde el control sobre la imagen: acosos, chantajes o la simple difusión del archivo como revancha sentimental tras una ruptura, suelen ser las consecuencias más palmarias. Pero no las únicas: «De alguna manera se están sustituyendo las relaciones por los contactos -expone Fernández Blanco- con una depreciación del amor y que en el futuro puede derivar en una mayor inestabilidad y tendencia a la ruptura».

El psicólogo distingue dos tipos de personas, generalmente chicas, que se hacen o se dejan hacer ese tipo de fotografías: «Están las que lo hacen dentro de una relación amorosa y luego otro perfil más exhibicionista donde funciona la lógica de ??si no puedo ser la más amada, al menos seré la más deseada??». En cualquier caso, confirma Fernández Blanco, la imagen retorna con una degradación que provoca luego el arrepentimiento: «Y hay que tener en cuenta que a estas edades se idealizan conceptos como el amor o la amistad y se gestionan estos asuntos con mayor imprudencia».

Fuente: http://www.lavozdegalicia.es/noticia/galicia/2013/01/20/sexting-sexo-consecuencias/0003_201301G20P10994.htm

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Publicado el 12 febrero, 2013 en Internet Seguro: Estudiantes UPCT-Alia2. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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